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domingo, 7 de diciembre de 2014

La Trainera, la reina de las embarcaciones de banco fijo.

La Trainera es la embarcación reina dentro del remo de banco fijo, por ser la más grande y rá pida de todas. Esta modalidad de remo de banco fijo se caracteriza porque los remeros se sientan mirando a popa sobre una bancada fija, por lo que no se aprovecha la potencia generada por el tren inferior, es una modalidad de remo no olímpico, y que se deriva de las antiguas embarcaciones tradicionales.  Los remos se sujetan en la regala de la embarcación sobre toletes y chumaceras y la unión entre estos y los remos es una especie de anillo trenzado de cuerda natural o sintética, que se llama estrobo.



La trainera tradicional era, originalmente, una embarcación propia de la costa cantábrica, impulsada a remo y a veces a vela, antiguamente dedicada a la pesca. Su construcción era bastante simple, con estructura de cuaderna cocida o aserrada de roble, material con el que también se elaboraba la mayor parte de las piezas. Tenían alrededor de 11 m. de eslora, 2 m. de manga, 0,80 m. de puntal. El número de bancadas variaba según los tamaños entre seis y ocho, lo cual también determinaba su tripulación, que podía oscilar entre los diez y los catorce miembros. Carecían de cubierta y tenían la sentina protegida y tapada por panas, prácticamente a lo largo de toda la eslora. Podían arbolar dos mástiles, trinquete y mayor.

La trainera se caracterizaba por ser muy fina en las líneas de agua, de eslora desproporcionada respecto a la manga, con quilla apenas aparente y provista de bordas peligrosamente bajas para los mares en los que trabaja, se diría que más que un pesquero la trainera es un artefacto diseñado para correr bajo el impulso de 12 ó 14 remos largos y delgados. Tanto, que era usual ver remos de haya maciza deformados y partidos. Con un arqueo que rondaba los 5.000 kilogramos, su desplazamiento no alcanzaba los 750 kilogramos, cifra sorprendentemente reducida para una embarcación que tenía que cargar con 15 ó 16 hombres, además de los artes de la pesca, los pertrechos y las capturas.


El diseño resulta todavía más chocante al comprobar que faenaba a la vista de la costa y que empleó redes de enmalle de deriva hasta la adopción del cerco en su época más tardía. Los datos que nos han llegado profusamente sobre sus dimensiones, a través de documentos bermeanos del siglo XVIII o de finales del XIX, hablan de esloras cercanas a los 12 metros, mangas de 2 metros y puntales inferiores al metro. Sin duda podía arbolar dos palos cortos (6 metros), sobre todo y habitualmente el de trinquete en la proa, de los que se cargaban escuetas velas al tercio o de pico. Pero en el remo estaba su elemento básico de propulsión.

La trainera, considerada como embarcación sardinera y anchoera, no pudo ser diseñada exprofeso para tal fin. Antes bien, se trata de una lancha ballenera adaptada a nuevos fines. La cultura pesquera, entendiéndola desde el punto de vista del diseño de buques y de la evolución de artes y aparejos, se caracteriza por un lento desarrollo. Sólo así puede comprenderse que al desaparecer la caza de la ballena «a vista de la costa» los puertos se encontrasen con una interesante flotilla de lanchas balleneras a la que fue necesario asignar una nueva tarea.


El milagro de la trainera fue, entonces, su camaleónica adaptabilidad. Su ligereza le permitía ser varada en tierra y, antes de evolucionar hacia modelos más eficientes y acordes con los estáticos artes de enmalle de deriva con los que trabajaba (los llamados «abocartes»), llegó desde el Mediterráneo el arte de cerco de jareta sardinero para confirmar un diseño que parecía condenado a desaparecer. Efectivamente, el sistema del cerco, en sus acepciones de «traiña» y de «bolinche», requerían de embarcaciones rápidas de maniobra. La capacidad de la trainera era suficiente para transportar a bordo las redes de hasta 40 brazas de longitud (70 metros aproximadamente) y 9 brazas de caída (16 metros aproximadamente), de tejido fino y de poco peso La faena con el cerco de jareta rentabilizaba la abundancia de brazos existente a bordo y daba sentido al gobierno de la embarcación mediante espadilla, más ágil que con el timón de codaste convencional.


La utilidad de la trainera y su adaptación al sistema del cerco de jareta se extendió a lo largo de la costa norte de la península recalando en las Rías Bajas gallegas. Allí, la importación del sistema de cerco de jareta desde el Cantábrico a partir del año 1900, en sustitución del dominante «xeito» (arte de enmalle de deriva similar a los «abocartes» cantábricos y los «sardinales» catalanes), trajo también consigo la introducción del buque mejor adaptado para su empleo: la trainera. Sin embargo, la peculiaridad de las traineras gallegas radicó en su envergadura. La quietud de las rías permitió el uso de redes de cerco de mayores dimensiones, faenadas desde traineras de hasta 25 tripulantes, 16 de ellos remeros, y con cerca de 18 metros de eslora.


Las traineras fueron evolucionando con el tiempo y ha pasado de ser una embarcación de trabajo a una embarcación utilizada en  competiciones deportivas de banco fijo en España.


Características de trainera de competición moderna:
La trainera moderna tiene capacidad para 14 tripulantes, 13 remeros y un patrón. Los remeros están distribuidos en seis filas de 2 remeros más el remero de proa, que va solo en su bancada anterior. En cada bancada, excepto en proa, un remero rema por babor y otro por estribor, haciéndolo «de espaldas», es decir, mirando hacia popa. El patrón, que comúnmente va de pie en la popa mirando a proa, es el que dirige la embarcación con un remo corto (espadilla) que hace de timón.


La eslora máxima es de 12 m, el puntal mínimo a proa 0,95 m, y 0,75 m de popa. La manga mínima en la cuaderna maestra es de 1,72m.  Y el peso total de la embarcación incluyendo tolete, bancada y chumaceras (con toletes) tiene que ser como mínimo de 200 Kg.


El proceso de fabricación lleva alrededor de mes y medio. Se realiza a partir de un plano a escala de la embarcación. El material utilizado durante años era la madera en su totalidad, de cedro y haya. Actualmente, el material usado es la fibra de carbono y el kevlar para realizar embarcaciones con técnicas de aeronáutica, similares a las aplicadas en la construcción del fuselaje de aviones.

 
La embarcación es de una pieza y tiene más resistencia que las tradicionales de madera. La vida de una embarcación en un club importante suele ser dos o tres años. Una trainera, en el año 2008, tenía un precio aproximado de 25.000 euros. Los remos, de 3,50 a 3,60m, eran tradicionalmente de madera aunque en la actualidad han evolucionado hasta la fibra de carbono (la empuñadura suele ser de madera).

Únicamente participan en las regatas de traineras clubes representantes de toda la costa norte cantábrica: Galicia, Principado de Asturias, Cantabria, País Vasco y País Vasco Francés; y aparte del correspondiente premio en metálico de cada regata, al club ganador tradicionalmente se le otorga una bandera de la localidad que acoge la competición o del patrocinador de la misma.
 
 

Las competiciones entre traineras son típicas del norte de España. Las regatas se hacen en el mar con 4 largos y tres ciabogas, sobre una distancia total de 3 Millas Náuticas (5.556 m). El decimotercer remero se sitúa en la proa (de ahí el nombre proel) y es el encargado de utilizar la pica, que no es más que un remo más corto que sirve, apoyado en la amura de la trainera para forzar el giro de está en las ciabogas.

Competiciones más importantes:

 
 
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