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jueves, 25 de julio de 2019

HÉLICES DE SUPERFICIE

Las hélices de superficie son las recomendadas cuando se trata de embarcaciones de alta velocidad. Se caracterizan por ir montadas a popa, muy retrasadas respecto al casco de la embarcación y sumergidas solo hasta la mitad de la hélice, quedando la otra parte fuera del agua.

Las hélices de superficie (surface drives en inglés) permiten obtener rendimientos más elevados, respecto a los sistemas de propulsión convencionales, a altas velocidades. Este concepto pretende aprovechar la tensión superficial de la superficie del agua que es "mas dura" y en la que la hélice se “agarra” mejor. Las hélices de superficie tienen un diseño muy diferente a las hélices más tradicionales, con un corte anguloso de sus palas y un borde de ataque muy afilado para cortar y penetrar con facilidad la dura superficie del agua. 

Este tipo de propulsores precisan de un complejo sistema de pistones hidráulicos tanto para orientar la dirección de la embarcación, como para conseguir que los ejes puedan ajustarse al ángulo de ataque y trimar su altura para que las hélices trabajen con medio cuerpo fuera del agua. Por ello también necesitan de un primer elemento en la transmisión cardán para poder transmitir la potencia al eje palier en cualquier ángulo tanto horizontal como vertical. El alineamiento es casi innecesario pues el cardan se encarga del acoplamiento mecánico. La hélice de superficie es más grande que una hélice normal, lo cual las hace mejorar en su eficiencia a altas velocidades. Un barco equipado con este sistema de propulsión es fácilmente identificable por el llamativo chorro de agua vertical que deja en su estela. Las prestaciones pueden llegar a ser extraordinarias, alcanzando las modernas embarcaciones de la Class 1, velocidades de hasta 250 Km/h.
 

Las hélices de superficie son ideales con velocidades por encima de 50 nudos. El problema viene porque es casi imposible mantener una hélice a una alta velocidad mitad dentro y mitad fuera cuando hay olas. Es por ello que los motores sufren por sobrecargas debido a que cuando la embarcación salta, la hélice y motor se aceleran momentáneamente, mientras que cuando vuelven a entrar en el agua la hélice se sumerge cogiendo carga de golpe, haciendo que sufra la transmisión y el motor por sobrecarga.


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